El poder de una mano

22 noviembre 2017 -
¡¡Hola a todos!! ¿Qué tal?

Como os comentaba el pasado lunes en la reseña de Alicia de Miguel Aguerralde, este sábado, 25 de noviembre, es el Día Internacional de No Violencia contra las Mujeres y es por ello que he decidido terminar este relato que llevaba unos cuantos años a medias en el cajón.


RELATO: EL PODER DE UNA MANO


Tiene ante sí la mano que, en este instante, le puede dar el último golpe, el último empujón, la última puñalada... y se pregunta cómo esa mano que ahora la aterra puede ser la misma a la que se aferraba hace un tiempo sin quererla soltar. No recuerda en qué momento la mano de antaño se convirtió en la de ahora ni por qué. ¿Dónde fue a parar esa mano que, aún sin serlo, era tan suya que la consideraba una extremidad más de su cuerpo? 

Como si de una película se tratara, interpreta el papel del personaje que, ante una situación extrema, revive toda su vida, desde su más tierna infancia, en una milésima de segundo. Aunque ella no se retrotrae tan atrás, le basta con rememorar su existencia desde el día en que vio esa mano por primera vez: era un día de entre semana lluvioso, el suelo resbalaba y la suela de los zapatos también, pero no le quedaba más remedio que correr si no quería perder el autobús que estaba a punto de irse delante de sus narices, como al final fue puesto que, en esas condiciones, la caída era casi inevitable; sentada en el suelo, maldiciendo su suerte y con los pantalones mojados se percató, de repente, de que una mano se acercaba ofreciéndole su ayuda para levantarse. Ahí empezó todo.

A partir de entonces, esa mano fue la creadora, primeramente, de lindas cartas de amor, de bellos poemas, de castillos en el aire que prometían un "comieron perdices y fueron felices" sin fin y de otra multitud de agasajos con el propósito de ganar su cariño y confianza.

Sí... Hace un tiempo esa mano sólo prodigaba amor y ternura. Cuando por fin se rindió a sus encanto, la manó inventó su propio código morse con el que explicaba y transmitía con caricias  lo que la lengua callaba, recorriendo cada poro y cada milímetro de su piel del derecho, del revés, en horizontal, vertical o diagonal... ningún resquicio se libraba. Además, se transformó en su más fiel sustento, daba igual lo que pasara, bueno o malo siempre estaba ahí para apoyarla.

Pero, paulatinamente, la mano empezó a cambiar: alguna vez la pilló in fraganti cotilleando su móvil a escondidas; las cartas de amor y los poemas fueron sustituidos poco a poco por mensajes menos tiernos, más secos y, cada vez, ¿más autoritarios "¿Dónde estás?", "¿Qué haces?", "¿Con quién estás?" y las caricias se espaciaban más y más y duraban menos y menos. "Una pequeña crisis", "Una mala racha", "mucho trabajo y estrés" se decía ella para justificar a su querida mano y las actitudes que esta tenía, las cuales comenzaban a no gustarle aunque no lo quisiera reconocer.

Después llegaron los zarandeos y los pequeños empujones, hechos a modo de juego o broma, según la mano, y ella aceptaba la excusa y lo dejaba correr a pesar de que los "juegos" no eran del todo inofensivos y las "bromas" le parecían pesadas.

Estos últimos sustituyeron definitivamente a las caricias y empezaron a dejar marcas en su piel: algún que otro arañazo y muchos moratones que pasaban del verde clarito al verde más oscuro pasando por toda la gama del morado, los cuales parecían alentar a la mano como si cada moratón fuera un gol o una canasta más en su marcador. No terminaba de admitirlo aún, pero encontrar una justificación que excusase el comportamiento de esa mano a la que todavía le costaba cada vez más, quizás porque pensaba que esa mano aún la quería a ella también.

Hasta que no le quedó más remedio que quitarse la venda de los ojos: los zarandeos, empujones, y bofetadas (sí, ya había llegado hasta ese nivel) fueron in crescendo para terminar siendo auténticas palizas para las que ya no encontraba ninguna explicación. ¿Y ahora qué? se preguntaba ella, no tenía economía propia, ni casa ni alguien conocido que la pudiera ayudar, todo lo compartía con la mano y todo su mundo en los últimos tiempos había girado en torno a esta ¿cómo iba a conseguir escapar?

Y así volvemos al principio: esa mano de la que reniega, que le asquea, está trazando un plan, puede que el último, y ella lo ve todo muy negro, y no solo porque tenga los ojos cerrados. De repente oye la sirena de una ambulancia "ya está, todo ha acabado y no me he dado ni cuenta, mejor" se dice. Efectivamente, la ambulancia se dirige a su casa, sin embargo, no para atenderla a ella, sino a la mano que yace ahora en el suelo separada del cuerpo que la mantenía y que ahora llora por esta. A pesar de ver que está sujetando un cuchillo, aún no cree que haya conseguido enfrentarse a la mano, no obstante, lo que antes era todo oscuridad ahora es todo luz: se ha deshecho de ella, no hay más ataduras, un nuevo camino se abre a sus pies y ya no tiene nada por lo que temer, la mano que amó y terminó odiando ya no podrá hacer nada, no existe.

FIN

POSTDATA


Mujeres no permitáis que ningún hombre os falte el respeto, ni os levante la voz ni la mano... No permitáis que os diga qué tenéis que poneros, con quién o a dónde podéis ir, que os aíslen de vuestros amigos, de vuestra familia, que quieran cambiar vuestra forma de ser, de pensar o sentir. Recordad que no somos menos que ellos, que no somos sus objetos, ni sus juguetes, que nuestra valía no se mide por nuestros culos y tetas, ni por las faldas o los escotes que llevemos, que no somos de su posesión y que cuando decimos "no" es NO. Y no olvidéis que... ¡quien bien os quiere NO os hará llorar!


(Imagen extraída de PixGood)

4 comentarios:

  1. ¡Muy bueno el relato! No es no. Por mucho que se empeñen en hacernos creer lo contrario.

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    1. ¡¡Muchas gracias, guapa!! Efectivamente, no es no, ningún hombre debería creerse con la licencia de decidir por no nosotras ni en eso ni en ningún otro aspecto.

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  2. Muy buen relato, un tema crudo y real. Me ha gustado y más la reflexión final.

    Un saludo.

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    1. ¡Cuánto me alegra que te haya gustado! Eso me anima a escribir más :)

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